28 noviembre, 2022
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El próximo 26 de septiembre, Alemania celebrará elecciones federales para elegir a los 709 diputados del Bundestag, quienes a su vez nombrarán a un nuevo canciller para el período 2021- 2025. Tras estos comicios, la actual jefa de Gobierno Angela Merkel dejará el poder, luego de permanecer dieciséis años en el cargo.

La canciller anunció en 2018 que no buscaría una quinta elección para gobernar más allá de 2021.

En anticipación a su salida del poder, su partido -la Unión Demócrata Cristiana de Alemania- escogió a un nuevo líder, se trata del político centrista Armin Laschet, quien se autodenomina candidato de la continuidad y es conocido por su política liberal, pasión por la Unión Europea y capacidad para conectarse con las comunidades de inmigrantes que viven en el país.

Merkel es considerada una de las mujeres más influyentes y poderosas del mundo, pero el balance de su gestión arroja luces y sombras, su liderazgo ha sido de altos y bajos, y sus fortalezas han sido vistas a veces como sus debilidades. Sus cuatro mandatos han marcado a Alemania, pero también a Europa. Su alta y constante aprobación refrenda sus políticas internas y externas.

En casi 16 años en el cargo, enfrentó una crisis tras otra: un colapso del sistema financiero mundial en 2008, las amenazas de disolución de la Unión Europea, la gran ola migratoria hacia Europa en 2015 y la pandemia del Covid-19.

En la crisis financiera defendió a ultranza, junto con su entonces ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, imponer medidas estrictas a las economías que había que salvar, como la griega o la española.

Otro de los momentos clave de su trayectoria lo vivió en 2015, cuando en el verano golpeaban a las puertas de Europa cientos de miles de refugiados procedentes de Siria, sobre todo, y también de Afganistán. «Su frase ‘wir schaffen das‘ (podemos con esto) marca su política de apertura hacia los refugiados. Utilizó su poder para salvar vidas.

En algunos momentos se pensó que quizá no acabara su último mandato, sobre todo, después de sufrir los temblores en 2019. Entonces se hablaba del ocaso de la canciller (Merkeldämmerung). Sin embargo, la crisis del coronavirus, que estalló en Europa entre febrero y marzo de 2020, volvió a mostrar su capacidad de liderazgo. «Esto va en serio, tómenselo en serio», dijo Merkel en una rueda de prensa.

Sus explicaciones sobre la importancia de controlar la tasa de contagio por debajo de 1 trasladaron a los alemanes un mensaje de solvencia. En todo momento ha sido muy clara a la hora de reconocer la extraordinaria gravedad de la situación. Ni siquiera cuando los datos eran más favorables a Alemania fue triunfalista. Ahora no lo son, y sigue siendo muy clara.

Con la crisis del coronavirus, reconoce  que ahora se necesita más solidaridad y por ello ha defendido la mutualización de la deuda en la Unión Europea por primera vez.

La canciller posee una serie de características y particularidades que favorecieron su liderazgo y popularidad, dentro y fuera del partido, así como al frente del Gobierno alemán y como la líder europea más importante del siglo XXI. Es considerada una política tranquila, poco proclive a las estridencias, discreta, sensata, analítica, austera, enigmática, flemática, pero implacable y eficaz. Su postura sobria, pragmática y predecible ha sido prácticamente una constante en sus mandatos.

Ha ejercido el poder con modestia, conjugando su capacidad de análisis y de escucha con todos los actores involucrados en la cuestión a tratar. Ha construido a través de la gestión y el consenso, huyendo de las grandes visiones a largo plazo, convencida de que el mundo cambia muy rápido y es mejor adaptarse en cada momento, y desarrollando una habilidad para atender los deseos de la ciudadanía alemana, consiguiendo mantenerla unida a pesar de las crisis sucedidas.

Entre sus defectos, se le critica la indefinición de su programa político (tanto nacional como europeo), la falta de brillantez oratoria, su prudencia y las vacilaciones que ha mantenido en varios temas. Muchos dudaron de su carisma para gobernar, sin embargo, sus victorias electorales y aprobación constante confirmaron su capacidad.

La salida de Merkel marca el ocaso de un tiempo político que empieza a percibirse como lejano y abrirá paso a uno nuevo, plagado de interrogantes existenciales para la Unión.94 El fin de la era Merkel ha sido identificado por la consultora Eurasia como uno de los principales riesgos para el continente en 2021.95 Sin duda, lo que suceda en septiembre en Alemania impactará en todo el ámbito europeo.

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