28 noviembre, 2022
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En su prodigioso ensayo sobre Gustavo Flaubert, “La orgía perpetua”, Mario Vargas Llosa dice:

“Siempre he tenido por cierta la frase que se atribuye a Oscar Wilde sobre un personaje de Balzac: 

«The death of Lucien de Rubempré is the great drama of my life» (La muerte de Lucien de Rubempré, –personaje central de “Las ilusiones perdidas”, parte de “La Comedia humana”–, es el gran drama de mi existencia).

Hoy, cuando ha muerto el actor Sean Connery, cuya apostura y cinismo (al menos en la pantalla) le dieron la mejor de las vidas imaginarias a un personaje de ficción, cualquiera de mi generación, sentirá como cercana la desaparición de un conocido, sin llegar a los límites de catástrofe de Wilde en torno de Rubempré.

Murió la personificación del agente secreto cuya licencia para matar creó la saga más absurda, desquiciada, fantástica y exagerada del cine.

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