29 noviembre, 2022
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editorial Rafael Cardona

Cuando vio la multitud, Subió al monte; y al sentarse él, se le acercaron sus Discípulos.
“Y abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
“Bienaventurados los pobres en Espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. 

Con estas palabras, cuya profunda humanidad ha trascendido el tiempo, relata Mateo, el evangelista,  el principio del Sermón de la Montaña, cuya resonancia resume los fundamentos del credo cristiano. Una belleza, una emoción.

Hoy los pobres tabasqueños no tiene el reino celestial, sino el mundo acuático. Todos anegados como en triste charca de pejelagartos o caimanes.

Los pobres  han  sido utilizados siempre como pieza central de una eterna oratoria  de reivindicaciones aplazadas por el tiempo y las codicias de clase.

La falta de piedad, la ausencia de caridad, la negación de la empatía hacia quienes poco o nada tienen y menos logran cuando se les viene encima el torrente liberado de una presa funesta, cuyos volúmenes de almacenamiento aumentan –año con año–, sin nadie para imaginar a tiempo rutas de desfogue hacia otros depósitos; construcción de represas, vasos de regulación  o alguna otra solución de ingeniería para evitar las inundaciones voluntarias, selectivas y desastrosamente producidas –no por la lluvia–, sino por la mano del hombre. Eso es.

Hoy, luego de la rabieta tabasqueña del gobernador Adán Augusto López y su demanda contra el Director  de la CFE, el sonriente Manuel Bartlett, el Señor Presidente nos dice la verdad: la decisión fue suya. ¿Y ‘ora?

Por su elección entre las decisiones inconvenientes, el agua no se fue toda hacia Villahermosa, con su infraestructura urbanizada y se prefirió dejar bajo el agua las tierras bajas de los indios chontales, pobres entre los pobres.

“…Tuvimos que optar entre inconvenientes; no inundar Villahermosa y que el agua saliera por el Samaria, por las zonas bajas. Desde luego, se perjudicó a la gente de Nacajuca… los más pobres, pero teníamos que tomar una decisión, ahora ya estamos ayudando allá, abajo, y donde vive la mayoría de la gente de Tabasco se evitó una inundación mayor…”

Los hombres y mujeres de la etnia chontal, quienes a si mismosse llaman yoko yinikob (“hombres verdaderos”) y yoko ixikob (“mujeres verdaderas”), y hablan el yoko t’aan (“la lengua verdadera”), están hoy sumergidos en un verdadero desastre; pero como les dijo la muy solidaria y no menos tartamudaDirectora de la Comisión Nacional del Agua, Blanca Elena Jiménez allí les tocó vivir. No chillen, le faltó sugerir.

Una vez explicado el motivo de tan desastrosa condición, quizá Adán Augusto enrolle su demanda contra Bartlett y se la guarde allá donde nunca le da el sol, porque ni pensar en ampliarla hasta el jefe del Ejecutivo quien fue –como en el “culiacanazo”–, quien tomó la tremenda decisión.

Ni modo, como también decía Carlos Pellicer: “…el agua esta viva y el tiempo es agua…”Aguarden el reino de los cielos y mientras eso llega, regocíjense, ya no es como antes, excepto el agua, el agua insobornable.

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